Archive for mayo, 2013

Aquel niño del barrio de La Boca

El barrio de La Boca en Argentina respira fútbol por cada uno de sus coloridos rincones. Es conocido por el famoso Caminito, lugar dónde se representa parte de la cultura popular de la ciudad, y por albergar a uno de los clubs más laureados del fútbol argentino, el Club Atlético Boca Juniors. La Bombonera es el corazón de un barrio que late a ritmo de tango y gambeta. Un barrio de artistas, trasnochadores, músicos y  poetas. Hasta allí llegaron unos emigrantes gallegos en la década de los 50. Con ellos llegó el pequeño Ramón, un niño de cinco años que soñaba con ser futbolista. Con 17 años su sueño se cumplía, y debutaba en la Segunda Argentina defendiendo la camiseta del Sportivo Italiano. Ramón había crecido,  ya no era aquel niño que jugaba con su pelota por las calles de La Boca. Ahora ya era un hombre, era Ramón Blanco, un prometedor futbolista que despertaba el interés del gran Independiente de Avellaneda. No se cerró su traspaso a los Diablos Rojos de Avellaneda.  Decidió volver a España, a jugar en el Real Mallorca.

En España,  juega en el Mallorca y Real Betis hasta que en 1976 firma por el Cádiz Club de Fútbol. Un Cádiz dónde encontró el cariño y el afecto de todos. Ramón había nacido para el Cádiz y su destino era azul y amarillo.

Se marcha del Cádiz en 1981 para jugar en el Recreativo de Huelva, Portuense, Chiclana, Atlético Sanluqueño y finalmente en el Club Deportivo Moguer, dónde cuelga las botas en 1987.

Comienza su carrera como entrenador en las categorías inferiores del Cádiz C.F. Gran conocedor de la cantera conformó uno de los mejores conjuntos de la historia del filial amarillo.  Hablamos de aquel Cadiz B de Kiko, Javi Germán, Fali Benítez o Arteaga.

Su oportunidad con el primer equipo le llega en la temporada 89/90. El Cádiz había comenzado la temporada con David Vidal en el banquillo, pero  la irregularidad del equipo cadista y las discrepancias de Vidal con el “tema Mágico” y la directiva amarilla, provocó la salida del técnico coruñes y la llegada al club del británico Collin Addison. El entrenador inglés,  poco conocedor de la plantilla cadista, se mostró bastante perdido en sus inicios, por lo que tuvo que recurrir al segundo técnico cadista: Ramón Blanco. Ramón aconsejó a Addison la puesta en práctica de un sistema más prudente, buscando la victoria pero sin descuidar la parcela defensiva. A partir de entonces, el equipo cadista que iba sin rumbo y directo a la Segunda División, encadenó una impresionante racha de cuatro milagrosas victorias consecutivas (Rayo, Real Sociedad, Tenerife y Celta) que le valieron una permanencia épica.

Ahí comienza su idiliramono con las remontadas, los milagros y la épica. Formó un tándem de leyenda con Lorenzo Buenaventura. Y le dio la responsabilidad de defender la camiseta amarilla a jugadores que provenían de la cantera como Kiko o Quevedo. Así era Ramón Blanco, un gallego enamorado de Cádiz. Un hombre humilde  que encarnó como pocos los valores del cadismo.

Se nos fue el hombre del milagro de Figueras, el de las promociones agónicas, aquel hombre del bigote y jersey rosa. Se nos fue Ramón Blanco.

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Salvemos el futbol

No es oro todo lo que reluce. Más allá de los grandes clubes, los contratos millonarios y las extravagantes campañas de publicidad, existe otro fútbol. El fútbol de barro y medias bajadas, de balones descosidos, de “gambeteros”de barrio. El fútbol empírico, de héroes  de chándal, de dorsales que resbalan de las camisetas. La verdadera esencia del balompié.
Corren tiempos difíciles para los soñadores, nostálgicos y románticos del deporte rey. Hoy prevalece el imperialismo deportivo que ejercen los grandes clubes. El yugo de la crisis económica global sujeta un deporte cada vez más elitista. El gran periodista uruguayo,
Eduardo Galeano, afirmaba:  “La historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria,
ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí”. El fútbol actual es una alegoría al capitalismo más mezquino.
Como diría Darwin, “sólo los fuertes sobreviven”. Los débiles no tienen cabida en este sistema de mercantilización del talento. Los clubes modestos, asfixiados por la situación económica, están abocados a la desaparición. Los jóvenes ya no juegan, los árbitros no arbitran, y el público no disfruta. Y todo por culpa de la ruin gestión de un gobierno de “tijera” y “recorte”. El deporte rey vive inmerso en una espiral de decadencia progresiva. El fútbol actual es una falacia, un carrusel de promesas incumplidas y sueños rotos.
Huelgas, encierros y sentadas ya no es sólo palabrería activista. Estalló la revolución del fútbol. Una revolución que se vive cada domingo en los estadios de Segunda B, Tercera y Regional. La refundación o la desaparición son las dos vías de escape que contemplan estas entidades. Empezar de nuevo, con una economía saneada y sin deudas es, sin duda, la mejor solución. El hincha que ama a su equipo no entiende de nombres, colores o categorías. Estuvo en los momentos buenos y estará en los malos, siempre fiel a su equipo.
En el viejo cajón de sastre de la historia de este deporte quedarán los derbis regionales, las tardes de domingo, el suelo repleto de cáscaras de pipas, y aquelimprovisado speaker con labufanda de su equipo animando sin cesar.